Jueves, 20 Septiembre 2018

Un problema serio llamado Patricia Bullrich

Patricia Bullrich tras su exposiciA?n en el Senado por el caso Maldonado, el pasado agosto

 

El jueves pasado, Elisa CarriA? demostrA? que no estA? donde estA? por casualidad. En la calle volaban piedras, gases lacrimA?genos y balas de goma. En el recinto, los diputados estaban a punto de agarrarse a trompadas. El oficialismo, en ese contexto, intentaba imponer una reforma sobre un tema muy sensible con un quA?rum Ai??nfimo y escurridizo. Cuando se acercaba al abismo, CarriA? forzA? a Mauricio Macri a apretar el freno: lo condujo ella sola desde el borde del abismo hacia tierra mA?s firme. Sin ese gesto, probablemente la Argentina estarAi??a hoy horrorizada ante la pAi??rdida de vidas y el escarnio internacional. Por un momento, la locura y la cordura intercambiaron los roles que les adjudica a ambas una mirada esquemA?tica: los cuerdos casi arrojan al paAi??s a un precipicio, la “loca” vio lo que pasaba y los salvA? de una situaciA?n dificilAi??sima e innecesaria.

CarriA? no se limitA? a frenar el desarrollo de la tormentosa sesiA?n. Pocos minutos despuAi??s, cuando el Gobierno difundAi??a en los medios que el Presidente impondrAi??a la reforma previsional por decreto, otra vez fue ella la que frenA? la nueva escalada. Y, por si fuera poco, cuestionA? en pA?blico a Patricia Bullirch, el sAi??mbolo de la extraAi??a orientaciA?n en polAi??tica de seguridad que defiende el gobierno, “la mujer de armas llevar que cautiva a Macri”, segA?n la precisa definiciA?n de la periodista Laura Di Marco. “La ministra tiene que parar”, dijo CarriA?. “No se necesitan tantos gendarmes”.

En esos momentos, la televisiA?n transmitAi??a a todo el paAi??s imA?genes inverosAi??miles donde se mezclaba un festival de violencia callejera organizado por la oposiciA?n mA?s radical al Gobierno con una reacciA?n estremecedora de las fuerzas de seguridad. Para entender lo que pasA? basta un dato: diez periodistas fueron lastimados con balas de goma mientras realizaban su trabajo. Desde el regreso de la democracia no hubo un ataque similar al trabajo de los prensa en la calle, ni siquiera en los dAi??as mA?s negros del 2001, en tiempos de saqueos o rebeliones militares.

Si Macri tiene algA?n mAi??rito en este proceso es que, al final, escuchA? a su aliada. RetirA? la idea del decreto, realizA? nuevas concesiones para reunir una mayorAi??a sA?lida el prA?ximo lunes y, finalmente, desplazA? a la mujer de armas llevar del operativo de seguridad que rodearA? al Congreso cuando se vuelva a debatir la reforma. MaAi??ana lunes, el Gobierno enfrentarA? los mismos desafAi??os que el jueves pasado. Solo que parece haberle prestado algo mA?s de atenciA?n a lo que ocurrirA? en dos zonas que son de igual importancia: adentro y afuera del Congreso.

Cuando todo termine -si es que esto ocurre- el Gobierno tendrA? que prestar especial atenciA?n a su A?rea de seguridad. Ya son demasiados episodios extraAi??os para no percibir el territorio cenagoso al que Macri se ha dejado arrastrar por su ministra o, quiAi??n sabe, que ha elegido por sAi?? mismo. Lo que ocurre no solo es inquietante porque mucha gente resulta lastimada, sino ademA?s por la insA?lita relaciA?n entre los medios empleados y los resultados obtenidos.

Hace unos dAi??as llegA? a las librerAi??as El Caso Maldonado, un notable instant book de Marcos Novaro. Solo la descripciA?n de lo que se viviA?, dAi??a tras dAi??as, desde la desapariciA?n del joven hasta la primera autopsia del cadA?ver, transforma ese libro en una pieza atrapante: durante tres meses el paAi??s enloqueciA?, la grieta llegA? a niveles rAi??cord, las acusaciones se hicieron mA?s miserables que nunca. El recuerdo de las declaraciones en las que los dirigentes polAi??ticos y de los organismos de derechos humanos acusaban a Macri de haber hecho desaparecer a Maldonado es un documento demoledor e irrebatible, que explica el progresivo aislamiento de ese sector respecto del resto de la sociedad.

En ese contexto, Novaro dedica un capAi??tulo a la actuaciA?n de GendarmerAi??a en el operativo durante el cual muriA? Maldonado. AsAi?? describe las cosas: “Los gendarmes, contra lo que habAi??an dicho al comienzo, sAi?? habAi??an entrado en las tierras en disputa y se habAi??an acercado al rAi??oai??i?? La filmaciA?n que uno de ellos realizara del operativo de desalojo curiosamente se interrumpAi??a en el momento en que una veintena de uniformados habAi??a traspasado la tranqueraai??i?? HabAi??an ademA?s trabado una vergonzosa batalla a piedras con los manifestantes y, en algunos casos, portado y disparado sus armas, con postas de goma probablemente, aunque eso ya no podAi??a asegurarseai??i??”.

Patricia Bullirch habAi??a defendido a los gendarmes desde un principio, contra viento y marea. El desenlace del caso, la apariciA?n del cadA?ver ahogado y sin ninguna seAi??al de violencia, la fortaleciA? ante Macri. Otro ministro, tal vez, hubiera acusado a inocentes para salvar su ropa. En ese sentido, la decisiA?n de Bullrich de no tirar gendarmes por la ventana fue correcta e Ai??ntegra. Pero, al mismo tiempo, el operativo habAi??a tenido rasgos muy preocupantes y un desenlace aterrador. Una patrulla de cuarenta gendarmes debAi??a liberar una ruta tomada por ocho personas sin armas de fuego. En el medio de un operativo caA?tico, una de esas personas muriA?. Una pregunta quedarA? siempre flotando en el aire. Si las cosas se hubieran hecho bien, A?habrAi??a Maldonado salvado su vida? A?Se hubiera ahorrado el paAi??s ese dolor y el Gobierno esos meses de tensiA?n extrema?

Sea como fuere, Bullrich saliA? fortalecida del caso Maldonado, transformada en la mujer de armas llevar que cautiva al Presidente, el sAi??mbolo del orden perdido, la encargada de poner a los revoltosos “en caja”, como dijo la vicepresidente.

En el mismo momento en que era enterrado el cadA?ver de Maldonado, el paAi??s conociA? la muerte de otro joven, Rafael Nahuel, durante otro operativo de las fuerzas comandadas por Bullrich: dos muertes en apenas tres meses. El Ministerio de Seguridad difundiA? que las fuerzas de seguridad respondieron a los tiros un ataque armado de un grupo mapuche. Cuando, en una conferencia de prensa, le preguntaron a Bullrich si tenAi??a pruebas, pronunciA? una frase notable: “Para nosotros, lo que dice Prefectura, tiene fuerza de verdad”. O sea: le cree al sospechoso de un crimen por el mero hecho de que pertenece a las fuerzas de seguridad, exactamente lo contrario a lo que ocurre en cualquier democracia avanzada. Si dependAi??a de la ministra, las fuerzas de seguridad tendrAi??an vAi??a libre.

Con el correr de las semanas, se supo que la bala entrA? por la espalda del joven asesinado, que ni Ai??l ni sus compaAi??eros detenidos tenAi??an rastros de pA?lvora en las manos, que el juez no encontrA? ninguna evidencia de que los prefectos hubieran sido atacados a balazos, que pese a que eran muchos menos, los prefectos no sufrieron heridas y los mapuches sAi??, que testigos neutrales contaron cA?mo vieron a las fuerzas de seguridad disparar al voleo. Bullrich no explicA? nada. Pero mA?s allA? de todo eso, se suponAi??a que debAi??an desalojar el predio sin producir ninguna muerte. Hicieron todo lo contrario: mataron a una persona y el predio sigue ocupado. A?DA?nde estA? la eficiencia?A?A quiAi??n habAi??a logrado poner en caja?

Esta seguidilla se alimenta tambiAi??n de episodios menores. Son muy difAi??cil de entender las detenciones a personas por haber tuiteado amenazas a la familia presidencial, sin investigar mAi??nimamente quiAi??nes eran. En algunos casos, parece la obra del soldado ChamamAi??. Uno de esos detenidos es un pibe que tuiteaba canciones de cancha. Con solo revisar todo lo que habAi??a escrito antes y despuAi??s era suficiente para entender que no existAi??a tal amenaza. Otra detenida fue una enferma psiquiA?trica, que tampoco representaba ningA?n riesgo. Una semana antes del operativo en el Congreso, este mismo Gobierno habAi??a prohibido el ingreso al paAi??s de directivos de prestigiosas ONG porque no les gustaba lo que opinaban en internet sobre el libre comercio. El papelA?n los obligA? a retroceder.

Algo no anda bien. No se trata de discutir si el Estado debe poner orden o consentir la toma de terrenos pA?blicos o las pedradas a los gendarmes. Lo debe hacer, pero bien.

En ese contexto se realizA? el operativo del jueves. El Gobierno habAi??a anticipado correctamente que se producirAi??a un delicado episodio de violencia callejera alrededor del Congreso. Decenas de jA?venes encapuchados, durante horas, arrojaron piedras contra los gendarmes, y quemaron autos, con el aval de diputados del kirchnerismo y la izquierda, cuyas opiniones sobre ese festival de violencia no se conocen aA?n, salvo cuando se expresaron para respaldarlo.

Frente a eso, lo que hizo el Gobierno fue de una violencia inusitada. Hay una docena de periodistas que recibieron balas de goma. Gente que salAi??a del trabajo fue gaseada y detenida. Las imA?genes donde los gendarmes disparan al voleo contra una multitud, dentro de la cual solo una minorAi??a arrojaba piedras, son, de otra Ai??poca. Se le puede dar la vuelta que sea, pero las sociedades democrA?ticas han encontrado maneras mA?s civilizadas de contener una protesta violenta. El A?nico lAi??mite que respetaron los gendarmes fue el de no matar a nadie.

A diferencia de muchos dirigentes y simpatizantes de Cambiemos, que frente a todo esto quedan paralizados “para no hacerle el juego al enemigo”, CarriA? reaccionA? como una persona que cree en las libertades pA?blicas y que sabe que las cosas se pueden hacer de manera razonable. La ministra tiene que parar. Eso dio un paraguas a quienes desde dentro del Gobierno ya venAi??an advirtiendo sobre los mAi??todos de la ministra de Seguridad. Por eso, maAi??ana serA? la policAi??a de la Ciudad la encargada de contener las protestas. Macri estaba contentAi??simo con Bullrich porque en todas las encuestas la gente respalda su decisiA?n de poner orden. Pero A?asAi??? A?Rociando a un multitud con balas de goma? A?CuA?ntos otros gobiernos del mundo democrA?tico hacen eso? A?CuA?nto hace que no ocurrAi??a en la Argentina? A?CuA?l es el orden que surge de estos operativos?

En medio de todo esto, CarriA? dejA? caer una lecciA?n. Se suponAi??a que, a diferencia del kirchnerismo, Cambiemos no es verticalista. Sin embargo, la escalada de Bullrich no generA? ninguna respuesta en los sectores mA?s liberales del oficialismo. La defensa cerrada a los prefectos que mataron a Rafael Nahuel, la detenciA?n de tuiteros, la deportaciA?n de dirigentes de las ONG, la represiA?n del jueves, eran observadas con preocupaciA?n e incomodidad por muchas personas que no son kirchneristas. Sin embargo, la A?nica que ejerciA? la supuesta libertad que hay en el oficialismo fue ella. Como suele presumir, para bien o para mal, ella fue libre e irreverente durante el menemismo, la Alianza, el kirchnerismo y tambiAi??n ahora. De hecho, algunos amigos del Presidente vinculados al juego clandestino y a las barras bravas han perdido influencia por sus advertencias. El resto de Cambiemos tiembla antes de disentir. Gritan cuando acusan al kirchnerismo pero tartamudean cuando hay algo tan evidente para criticar de su propio Gobierno. Tal vez aprendan la lecciA?n.

Criticar a un Gobierno, muchas veces, es la manera de salvarlo.

 

FUENTE: infobae.com