Disfrutar el ahora: ¿qué harías si supieras que hoy es el último día de tu vida?

Disfrutar el ahora: ¿qué harías si supieras que hoy es el último día de tu vida?

Vivimos una sola vida en este cuerpo y, con ella, muchas veces padecemos por esas asignaturas pendientes que todavía no nos atrevimos a concretar. Tal vez sea un viaje, un curso, un hobbie, una relación, una charla, una vocación…

La vida fue concebida para que podamos desplegar nuestros dones y buscar lo que nos inspira para estar plenos. Si así no lo estamos haciendo, es porque no comprendimos entonces para qué hemos venido a este mundo.

Existen muchos ejemplos de personas que se han enfrentado a catástrofes, a enfermedades o síntomas "terminales", y que esa noticia los impulsó a transformar la crisis en una oportunidad para replantearse la forma en que habían estado viviendo hasta ese momento. Estos procesos de resiliencia, generan cambios rotundos en el espacio que esas personas le otorgan al disfrute.

 Incluso en los países donde se está reduciendo la carga horaria de trabajo, no se ve un incremento en el disfrute de las horas libres

En los últimos años los seres humanos desarrollamos tecnología de avanzada en comunicaciones, pero no aprendimos a conversar sobre lo que nos cuesta y lo que necesitamos. En el mundo de las organizaciones se habla mucho de la calidad, pero cada vez se trabajan más horas y de manera más estresante. Incluso en los países donde se está reduciendo la carga horaria de trabajo, no se ve un incremento en el disfrute de las horas libres. Crece la cantidad de lugares para desestresarse y de centros para relajarse, sin embargo se toman cada vez más ansiolíticos y antidepresivos, y nos es difícil quedarnos quietos y en silencio. ¿Por qué nos cuesta tanto disfrutar?

El aprendizaje
Podemos concluir, en consecuencia, que la capacidad para disfrutar en los distintos ámbitos de la vida no depende de la tecnología ni de los lugares donde estamos, sino de "un algo más". El disfrute no proviene desde afuera, sino que es una habilidad que se puede aprender, desarrollar y mantener: es animarse a conquistar la actitud de no tener nada que perder, y por lo tanto, todo por ganar.

Por lo general, aquellas personas que han conquistado una profunda y honesta capacidad de disfrute en sus vidas, lo han resuelto como  consecuencia de haber pasado por situaciones de crisis importantes que, luego de haberlas vivido, las pudieron trascender. Es a partir de ese momento en que superamos el dolor y las pérdidas cuando aparece esa capacidad para disfrutar que se incorpora como una actitud de vida que, una vez que aparece, se queda aferrada a nuestra personalidad.

¿Por qué aprendemos sólo bajo presión?
Porque luego de esas experiencias determinantes, el alma (si pudo aprender y trascender) adquiere una nueva mirada. Si antes veía sólo árboles, después comienza a observar los bosques y los campos; y lo que antes eran problemas, se convierten en oportunidades para crecer y aprender. Esa es la mirada de quien sabe disfrutar sin culpas y elige vivir como si cada uno de sus días fuera el último, el más importante de su vida.

Por eso, necesitamos aprender a reverenciar y agradecer los hechos de la vida que nos causaron o nos siguen causando dolor, porque pueden convertirse en nuestros maestros y aliados para una mejor vida en el futuro, una en el que el goce no esté ligado a la culpa.

Disfrutar es estar plenamente presente en el momento en que hacés algo; es sentir la perfección entre quién sos, dónde estás, lo que estás haciendo y con quién estás. El disfrute es la esencia por la cual vinimos a este mundo, sólo que después nos olvidamos y creímos que el propósito principal era el esfuerzo. ¡Erradicá esos mandatos tóxicos! Es justamente en el disfrute donde nos reencontramos con nuestros dones, donde florecen fácilmente el amor y el placer, donde bajamos la guardia que levantamos -innecesariamente- por temor, y donde volvemos a privilegiar el sonreír, el juego y la simpleza.

Todos los días, en cada momento

Disfrutar no es solamente estar relajado en una isla tomando sol con un jugo en la mano. Absolutamente todo lo que hacemos puede convertirse en un instrumento para el disfrute: trabajar con enfermos terminales, cocinar para los seres queridos, estar diez horas por día frente a la computadora para concretar ese proyecto que soñamos, enseñar a leer y escribir a nuestros chicos, limpiar la casa, lavar el auto, viajar en subte, tren o colectivo la lista podría continuar indefinidamente, porque al disfrute no lo caracteriza la actividad en sí (por más que ayude), sino nuestra actitud ante ella, es decir, quién es la persona que realiza esa
actividad, sea de la índole que fuere.

Hay personas que se van de vacaciones, o que incluso las invitaron a pasar unos días en lugares de descanso paradisíacos, y aun así no logran desconectarse del día a día laboral, o de sus conversaciones internas, y terminan estando permanentemente de mal humor, incapaces de alegrarse por lo que están viviendo. Por el contrario, muchas otras personas tienen la habilidad de encontrar el disfrute simplemente al mirar por la ventana, o tomando un rico café.

¿Qué querés vos para tu vida?
Animate a explorar qué es el disfrute para vos y preguntate qué es lo que tu alma está necesitando hace tiempo, pero que todavía no te decidiste a escuchar. Dedicate al menos media ahora por día para estar en soledad y en silencio, para revisar cuáles son los ámbitos de tu vida donde el disfrute quedó desplazado y poder revertir esta situación. ¡Es tiempo de vivir con alegría, encontrar en nuestra vida mucho más de lo que esperamos y lograr que el disfrute sea un compañero habitual en nuestro desarrollo personal!

FUENTE INFOBAE