Cómo aprender a soltar el pasado para vivir el presente, según el periodista y coach Mario Massaccesi

Cómo aprender a soltar el pasado para vivir el presente, según el periodista y coach Mario Massaccesi

“Porque en la necesidad de soltar la carga los problemas son universales. Todos están interrelacionados porque somos parte de un sistema único con nosotros mismos y, a la vez, con todas aquellas personas que pasar por nuestra existencia. Soltar lo que ya no queremos, lo que ya no nos sirve es un camino a nuestra propia libertad”.

“Soltar” es una palabra que está de moda. Con frecuencia escuchamos frases como: “Hay que soltar el enojo”, “tenés que soltar el control” o “es mejor soltar el pasado”. Todos quisiéramos soltar aquello que nos impide ser felices... Pero, ¿cómo? Es más fácil decirlo que hacerlo.

Mario Massaccesi (periodista y coach ontológico) y Patricia Daleiro (psicóloga y Master Coach) comparten en Soltar para ser feliz (El Ateneo) las dinámicas que implementan en sus talleres grupales, las historias reales, las preguntas poderosas y hasta sus experiencias personales en la aventura de soltar.

Massaccesi nació en Río Cuarto (Córdoba, Argentina), es docente en la Universidad de Belgrano y responsable, junto con Daleiro, de “M&P Consultores”. Desde allí asisten a personas, organizaciones, empresas, fundaciones y ONG en procesos de transformación individual o de equipos. Además, son autores de los talleres “Soltar para ser feliz”, “Permiso para gozar”, “Cuarentena e innovación”, “Cuarentena, ¿qué hago conmigo?”.

Por su parte, Daleiro nació en Uruguay, vivió en Chile y, desde hace varios años, es argentina por adopción. Es licenciada en Psicología y Master Coach, docente en programas de Liderazgo y Coaching en el ámbito privado y universitario. Su misión en la vida es facilitar espacios para que las personas logren su mejor versión, saliendo de la resignación y el acostumbramiento, para habitar en el entusiasmo y la libertad.

“La primera buena noticia es que soltar es posible, hay quienes ya lo han hecho y están abriéndose a nuevas posibilidades en sus vidas, como lo quieren, como lo sueñan y cómo lo merecen. Con la palabra no alcanza, hay que ponerse en acción. Las intenciones se miden por los resultados que vamos logrando y para tener resultados es necesario moverse”, manifestó el periodista en una entrevista con este medio.

Y aunque soltar sea una hermosa herramienta que a menudo nos lleva a la felicidad, resulta paradójico que el libro haya nacido entre rejas durante una visita de los autores a una cárcel y después de una charla con más de ochenta mujeres presas con sus niños de hasta cuatro años. “Allí nació la idea, la gestamos entre conversaciones, fue madurando en los talleres que ofrecimos en distintos puntos de la Argentina y ahora llega a las manos de los lectores”, sostienen.

El libro se puede leer como cada uno prefiera. En forma ordenada, desde el principio hasta el final. O eligiendo un capítulo en especial, teniendo en cuenta la carga que está pasando el lector y que necesita soltar. A su gusto y piacere.

“Es un libro de más de 360 páginas y 15 capítulos que incluyen, entre otros, ‘Soltar el Pasado’, ‘Soltar el Miedo’, ‘Soltar el Control’, ‘Soltar la Autoexigencia’, ‘Soltar a los Muertos’, ‘Soltar a la Familia’, ‘Soltar la Vergüenza’ y ‘Soltar el Desamor’. Es además un libro que está lleno de preguntas que tal vez no acostumbramos a hacernos y repleto de historias de personas que pasaron por nuestros talleres, se desafiaron, se animaron a lo que nosotros llamamos la ‘aventura de soltar’. No hay un sólo camino, no es automático. Cada persona es única y lo que le pasa es absolutamente personal, pero creemos que todos estamos atravesados por algún capítulo del libro”, explicó Massaccesi.

El rol de la pregunta

Soltar para ser feliz es un libro de preguntas. Las preguntas, advierten los autores, son una herramienta poderosa para encontrar nuestras propias respuestas, corrernos de la zona donde estamos en una aparente comodidad, asumir el riesgo que siempre implica tomar acciones y chequear si esos resultados nos están llevando hacia el lugar donde queremos ir.

"La pregunta siempre incomoda porque la respuesta nos coloca frente a un espejo que nos muestra lo que somos y también lo que no queremos ver de nosotros mismos. La pregunta siempre es desafiante porque tiene la noble misión de poner en duda aquello que damos por cierto, como verdadero. Por eso sugerimos que quien nos lee se tome un tiempo para responderse esas preguntas porque es el primer paso para salir del piloto automático y poder pensar, pensarse e incluso escribir aunque sea en un borrador”, dicen.

Massaccesi y Daleiro aseguran que “esa pausa ya detiene la vorágine de cualquiera y es un acto revolucionario con nosotros mismos. Nos da el poder para hacer algo con nosotros. Preguntarse, pensar, reflexionar (incluso en voz alta) y escribir abre un espacio para leer, y releer después, en el camino de Soltar para ser feliz”.

 

“Soltar tiene que ver con hacernos protagonistas de nuestras vidas y elegir quiénes somos frente a lo que nos sucede. ¿Quién quiero ser? ¿Qué quiero hacer? ¿Para qué? ¿Qué me permitiría hacerlo? ¿Qué nuevo espacio se abre en mí si lo hago? ¿Por dónde empiezo? ¿De qué me pierdo si no lo hago? Son algunas de las preguntas que podemos hacernos", destacó Mario.

Sobre las principales claves para corrernos de “ese lugar” donde ya no queremos estar, Daleiro indicó: En primer lugar, debemos permitirnos la pausa para ver dónde estamos y para delinear dónde queremos estar. Luego, tenemos que hacernos una pregunta que es simple pero profunda: ¿qué es lo que queremos para nuestra vida? Necesitamos además identificar qué es lo que queremos soltar, ponerle nombre, reconocer de qué manera me está afectando a mí e incluso a mi entorno. Ir hacia la felicidad también implica asumir riesgos, asumir riesgos es parte del vivir. Por último, darnos cuenta que los responsables de nuestra vida somos nosotros, y que muchas veces nos perdemos en un sinfín de explicaciones que nos alejan de nuestra felicidad".

Reivindicar el miedo

Es imposible vivir sin miedo. Y además, es conveniente vivir con algo de él. El miedo es una emoción legítima, necesaria y una señal muy valiosa que nos avisa sobre alguna amenaza que nos pone en situación de peligro. “Hay que reivindicarlo porque funciona como un semáforo interno que nos señala cuándo cruzar tranquilos hacia el otro lado, cuándo hacerlo con precaución y cuándo es conveniente quedarse quieto, en stop, porque podemos hacernos daño. Reivindicar el miedo no es hacerle un altar y rendirle pleitesía. En dosis justas y necesarias hay que darle la bienvenida”, declaran los especialistas.

El miedo aparece en múltiples versiones; a lo que vendrá, a enamorarse, a separarse de una pareja, a cambiar de profesión, a mudarse a otra provincia o a otro país, a tomar decisiones, a completar conversaciones pendientes, a quedarse sin trabajo, a hacer cambios que juzgamos fundamentales y que, por miedo, creemos que podrían convertirse en un tsunami que arrasa con lo que somos y tenemos.

“Hay mucho miedo a perderlo todo -continúan-. No solo en Argentina que desde hace décadas galopa de crisis en crisis económica y eso alienta la sensación de desamparo y devastación. El miedo al cambio es el más recurrente de todos los que aparecen en nuestros talleres. Como si no estuviéramos cambiando todo el tiempo, como si no evolucionáramos, y como si no atravesáramos éxitos y fracasos que nos modifican”.

Para la experta, “el miedo es una de las emociones de los seres humanos que no podemos evitar, ni controlar, ni tapar; el miedo tiene la noble tarea de avisarnos cuando estamos en peligro, cuando estamos frente a una amenaza y por lo tanto es funcional para que podamos cuidarnos, protegernos, amarnos. Hay que reivindicar ese miedo porque nos avisa cuando algo malo nos puede pasar para que pongamos todos nuestros recursos y habilidades para evitarlo; en este caso la amenaza es real. Pero está el otro miedo que nos inventamos, que agrandamos y que nos generamos para hacer más dramática o complicada una situación que necesita de nosotros”.

“Este es el miedo que paraliza y nos puede llevar a un laberinto sin salida. Es el miedo que hay que gestionar para hacer que las cosas pasen, para que las cosas sucedan y podamos disfrutar de la vida que nos merecemos. En general, es un miedo aumentado por las historias que nos contamos, el rollo mental que solemos tener incluso durante años. Para gestionar este miedo es necesario pasar a nuestra zona de confianza y preguntarnos entre otras cosas ¿Qué sí tengo para ofrecer? ¿Con qué recursos cuento? ¿Qué me permitiría hacerlo? ¿Puedo solo/a? ¿Necesito ayuda? ¿De qué me libero si lo hago? En definitiva, no tenerle miedo al miedo, aceptarlo como una de nuestras emociones pero no permitir que nos corte las alas”, explicó.

Soltar a la víctima: ¿puedo o no puedo modificarlo?

A todos nos pasan cosas que no esperamos, que no queremos, que nos sorprenden, que nos impactan. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿puedo o no cambiar lo que sucede? En este libro los autores distinguen entre los que asumen el “rol de víctima” y los que que se convierten por elección en “protagonistas" de su propia vida, aunque no estén de acuerdo con lo ocurrido.

“En la vida nos pasan cosas que nos convierten en víctimas de eso que nos pasó (un accidente, una tragedia, un diágnostico médico), o que nos hicieron (un robo, una violación, un abuso). Sin dudas somos víctimas de algo que jamás hubiéramos elegido para nuestra vida, pero nos convirtieron en eso: víctimas de la situación. ¿Puedo hacer algo con eso que ya me pasó o me hicieron? ¿O puedo hacer algo con quién estoy siendo después de lo que me pasó o me hicieron? ¿Puedo cambiar el hecho que ya paso o puedo cambiar yo a partir de eso que me sucedió?”, enfatizó Massaccesi.

Y agregó: “Cambiar no es olvidar, no es negar y tampoco es ignorar lo ocurrido. Generalmente son marcas que nos quedan para toda la vida. Pero sí podemos pasar de víctimas a hacernos responsable de nuestras vida. Hacernos responsables no significa culparnos, sino tener la habilidad para responder frente a lo sucedido. Ese pequeño gran paso de víctima a responsable tiene el efecto mariposa porque además de que lo vivido abre nuevas posibilidades a nuestras vidas y nuevos espacios de felicidad, en la mayoría de los casos nos convertimos en un faro para que otros puedan hacerlo”.

Para finalizar, los especialistas destacaron: “No olvidemos que desde el momento presente construimos nuestro futuro. Generamos un horizonte diferente si nos paramos en el lugar de víctimas o si nos paramos en el lugar de protagonistas y responsables. Y vos, ¿desde dónde querés construir tu vida?”.

FUENTE iNFOBAE